La escoliosis es uno de los diagnósticos que más genera preocupación, y también uno de los más malentendidos. Va desde curvas leves que nunca requieren tratamiento hasta casos severos que terminan en cirugía con fijación — y entre esos dos extremos hay un rango enorme donde la mayoría de los casos reales se ubica.
Un diagnóstico que quedó anclado en los años 80
Durante décadas, la radiografía fue el medio de imagen más disponible y accesible, y en una radiografía la escoliosis se ve con total claridad — así que terminó llevándose la culpa de prácticamente cualquier dolor de espalda que apareciera junto a ella en la imagen. Hoy sabemos que muchas escoliosis son 100% funcionales: coexisten con el dolor, pero no son su causa. Que aparezca en tu imagen no significa automáticamente que sea la responsable de tu molestia.
¿Es común tener escoliosis?
Más de lo que se cree. Entre un 2% y un 3% de los adolescentes tiene una curva de al menos 10°, el umbral mínimo para el diagnóstico. Pero sobre los 20° la cosa cambia bastante: la prevalencia cae a solo 0,3%-0,5% — es decir, una curva significativa (20° o más) es 6 a 10 veces menos común que una curva leve. En adultos el panorama es distinto: la escoliosis relacionada a cambios degenerativos de la columna aparece en más del 8% de las personas sobre 25 años, y llega hasta el 68% sobre los 60 — un tipo de escoliosis distinto a la idiopática del adolescente, ligada al desgaste natural de la columna con la edad.
Cómo se detecta
La primera evaluación es clínica, no de imagen. El «test de Adams» consiste en pedirle a la persona que se incline hacia adelante con los brazos colgando y las palmas juntas, mientras el examinador observa desde atrás si hay una prominencia en el lado torácico o lumbar — una asimetría visible en esa posición es indicio de escoliosis. Si el test es positivo, se puede usar un escoliómetro para medir el grado de rotación del tronco, lo que ayuda a decidir si corresponde pedir una radiografía para confirmar con el ángulo de Cobb, la medición estándar. Otras señales visibles que pueden notarse en el día a día: hombros a distinta altura, un omóplato más prominente que el otro, la cintura asimétrica, o la ropa que «cae chueca».
Señales de alerta que ameritan más estudio
La gran mayoría de las escoliosis son idiopáticas y benignas, pero hay patrones específicos que la literatura identifica como «atípicos» y que ameritan una evaluación de imagen más profunda (resonancia) para descartar una causa distinta a la idiopática:
- Curva torácica hacia la izquierda — la gran mayoría de las escoliosis idiopáticas son hacia la derecha en la zona torácica; una curva izquierda es menos común y se asocia con mayor frecuencia a alteraciones del sistema nervioso (como siringomielia o malformación de Chiari).
- Progresión rápida de los grados en poco tiempo.
- Dolor, especialmente si es intenso, nocturno, o interrumpe el sueño — la escoliosis idiopática típica no suele doler mucho en la adolescencia.
- Síntomas neurológicos — debilidad, alteraciones de reflejos, o cambios de sensibilidad.
- Manchas en la piel color café con leche o pecas en la axila, que pueden asociarse a neurofibromatosis.
Ninguna de estas señales por sí sola confirma algo grave, pero justifican una derivación para estudio de imagen antes de continuar con manejo conservador.
¿Escoliosis, cifosis o hiperlordosis?
Es común confundir estos tres términos, porque los tres son «curvas anormales de la columna» — pero ocurren en planos distintos. La escoliosis es una curva lateral con rotación, la que se ve al mirar la columna de frente o de espalda. La cifosis (cuando es excesiva, hipercifosis) es el aumento de la curva normal de la espalda alta vista de lado — la «espalda encorvada». La hiperlordosis es el aumento de la curva normal de la zona lumbar, también vista de lado — el «arqueo» excesivo de la espalda baja. Las tres pueden coexistir en la misma persona, y de hecho suelen relacionarse entre sí, pero cada una tiene su propia evaluación y manejo específico.
¿Se estabiliza con el tiempo?
En general sí. El indicador que se usa para predecir esto es el signo de Risser, que mide la madurez del esqueleto — cuando se alcanza la madurez esquelética completa, el riesgo de que la curva siga progresando baja fuertemente. Dicho esto, no es una regla absoluta: curvas más grandes (sobre 35°-40°) pueden seguir progresando un poco incluso después de la madurez esquelética, así que el seguimiento sigue siendo importante en esos casos.
¿Qué se puede hacer con quiropraxia?
En nuestra práctica hemos observado reducciones de entre un 20% y un 30% en los grados medidos con el trabajo quiropráctico — aunque esto es una observación clínica propia, no un hallazgo de estudios controlados. Es algo esperable en un tratamiento tan dependiente del operador, que es difícil de estandarizar para una investigación rigurosa. La literatura publicada, en series de casos con protocolos que combinan ajuste y ejercicio correctivo específico, ha reportado reducciones en rangos similares, aunque con evidencia de calidad todavía limitada (series de casos, no ensayos controlados). Lo que sí queda claro tanto en la práctica como en la literatura: nunca se lleva la curva a cero, pero una mejora real y significativa no es algo raro de lograr.
El enfoque sigue la misma secuencia que aplicamos en otras condiciones de origen articular: el ajuste específico de los segmentos comprometidos, elongación de la musculatura acortada por la curva, fortalecimiento de los estabilizadores de columna y pelvis, y educación en hábitos posturales para sostener el cambio. En escoliosis del adolescente en crecimiento, este trabajo se acompaña de seguimiento periódico para monitorear cómo evoluciona la curva mientras dura el desarrollo.
¿Y los ejercicios específicos?
Existen protocolos de ejercicios diseñados específicamente para escoliosis desde hace más de un siglo — el más antiguo es la marcha de Klapp, desarrollada en Alemania a principios del 1900, basada en ejercicios de gateo. No es que haya caído en desuso por falta de evidencia: sigue teniendo estudios que muestran algo de reducción de grados. Lo que ocurrió es que fue superada por métodos más nuevos, especialmente el método Schroth, que hoy cuenta con evidencia de mejor calidad (revisiones sistemáticas con metaanálisis) para reducir el ángulo de Cobb. Aun así, mecánicamente, tener escoliosis hace que la columna funcione de forma menos favorable — no es «bueno» tenerla, pero sí es algo que se puede manejar bien con el enfoque adecuado.
Referencias
- Adolescent Idiopathic Scoliosis: Common Questions and Answers. Am Fam Physician. 2020.
- Konieczny MR, Senyurt H, Krauspe R. Epidemiology of Adolescent Idiopathic Scoliosis. J Child Orthop. 2013;7(1):3-9.
- Factors Related to Curve Progression in Adolescent Idiopathic Scoliosis Girls at Skeletal Maturity. Spine Deform. 2024.
- Effectiveness of scoliosis-specific exercises for alleviating adolescent idiopathic scoliosis: a systematic review. J Phys Ther Sci. 2020.
- The effectiveness of Schroth exercises in adolescents with idiopathic scoliosis: A systematic review and meta-analysis. 2019.
- Morningstar M. Scoliosis Treatment Using a Combination of Manipulative and Rehabilitative Therapy: A Retrospective Case Series. Chiropr Osteopat. 2004.
- Adolescent Idiopathic Scoliosis: Common Questions and Answers. Am Fam Physician. 2020. (test de Adams, escoliómetro)
- The Left Thoracic Curve Pattern: A Strong Predictor for Neural Axis Abnormalities in Patients with «Idiopathic» Scoliosis. Spine. 2010.

— Dr. Daniel Zamorano, Quiropraxia1 · Acerca de mí →
Clasificación por edad de aparición (propuesta originalmente por James en 1954, sigue siendo la referencia usada hoy):
- Infantil — aparece antes de los 3 años. La menos frecuente de todas.
- Juvenil — aparece entre los 3 y los 10 años. Tiene un curso natural más agresivo que la del adolescente: curvas de 30° o más sin tratamiento progresan en la gran mayoría de los casos, con hasta un 95% terminando en cirugía si no se interviene a tiempo. Por eso, en este grupo, el manejo activo se considera más precozmente que en la adolescente.
- Adolescente (idiopática del adolescente, AIS) — aparece después de los 10 años y hasta la madurez esquelética. Es, por lejos, la más frecuente (entre 1% y 3% de los adolescentes), y su curso natural es más benigno que el de la juvenil.
- Del adulto — se divide en dos grupos distintos: la que persiste desde la adolescencia, y la escoliosis degenerativa "de novo", que aparece por primera vez en la adultez por cambios propios del envejecimiento de la columna (discopatía, artrosis facetaria). Un estudio de clasificación en 739 pacientes adultos encontró que cerca de dos tercios correspondían a patología discal (inestabilidad y enfermedad discal, o dislocación rotatoria).
Umbrales de grados usados para decidir el manejo (guías generales, no reemplazan la evaluación individual):
- Curvas menores a 20°-25°: observación periódica, generalmente sin corsé.
- Curvas entre 25° y 40°, en paciente esqueléticamente inmaduro (Risser 0-2, con crecimiento restante): se suele considerar el uso de corsé (Boston, Milwaukee, Providence nocturno, u otros diseños más modernos como el corsé 3D tipo Chêneau). La efectividad del corsé se relaciona directamente con la corrección lograda dentro del corsé mismo y con la adherencia al uso.
- Curvas sobre 45°-50°, especialmente con crecimiento restante o progresión documentada: es el rango donde se conversa con mayor frecuencia la opción quirúrgica, aunque la decisión depende de más factores que solo el grado.
Vale la pena precisar: ni el corsé ni la cirugía son parte del manejo quiropráctico — se mencionan aquí como parte del panorama completo de manejo, para que quede claro en qué escenarios el enfoque conservador (incluyendo quiropraxia) es la primera línea razonable, y en cuáles corresponde derivar a especialista.
Referencias
- Cheng JCY, et al. Adolescent Idiopathic Scoliosis. Nat Rev Dis Primers. 2015.
- Fernandes P, Weinstein SL. Natural History of Early Onset Scoliosis. J Bone Joint Surg Am. 2007;89 Suppl 1:21-33.
- Negrini S, et al. Brace Treatment in Juvenile Idiopathic Scoliosis: A Prospective Study in Accordance with the SRS Criteria for Bracing Studies. Scoliosis. 2014;9:7.
- Bracing in Adults with Scoliosis: Experience in Diagnosis and Classification from a 15-Year Prospective Study of 739 Patients. Scoliosis Spinal Disord. 2016.
- Results of Bracing Adolescent Idiopathic Scoliosis in the Context of Clinical Practice and the Scoliosis Research Society's Criteria: 5-Year Observational Study. Eur Spine J. 2024.
No siempre. Muchas escoliosis son funcionales y coexisten con el dolor sin ser su causa real — sobre todo cuando la curva es leve. Requiere una evaluación clínica, no solo mirar la imagen.
Se han observado reducciones reales en la práctica clínica, aunque nunca a cero. La evidencia publicada es limitada (principalmente series de casos), pero consistente con esa observación cuando se combina ajuste con ejercicio correctivo específico.
Generalmente al llegar a la madurez esquelética completa (signo de Risser 4-5), aunque curvas más grandes pueden seguir progresando levemente incluso después.
No. La escoliosis es una curva lateral con rotación; la cifosis y la hiperlordosis son curvas exageradas vistas de lado (espalda alta y zona lumbar respectivamente). Pueden coexistir en la misma persona.
No. La del adolescente suele ser idiopática (sin causa clara conocida); la del adulto mayor está generalmente ligada a cambios degenerativos de la columna con la edad.
Cuando hay señales atípicas: curva torácica hacia la izquierda, progresión rápida, dolor intenso o nocturno, síntomas neurológicos, o manchas de piel específicas. Ahí corresponde derivar para estudio de imagen antes de continuar con manejo conservador.
